"Bom, bom-bom, bom-bom, bom” suena el tambor. Se forman caracolas de colores, hileras de cuerpos flexibles, largas trenzas y ojos rasgados. Las madres, las hijas, las hermanas de aquellos primeros que habitaron la India hace ya mucho tiempo se juntan, se entrelazan codo con codo. Las mujeres adivasi vuelven a sus ritos milenarios. Las mujeres adivasi comienzan a bailar.
“Bom, bom-bom, bom-bom, bom” comienza a sonar el tambor. Las niñas del internado de Jagadia saltan, ríen, corren y me cogen de la mano para formar espirales de colores.
“Bom, bom-bom, bom-bom, bom” empezamos a girar. Los pies ligeros, el cuerpo flexible, la cabeza alta. Paso y contrapaso, los torsos se inclinan, se extienden , se enderezan. Con la mirada fija en los pies de Rashni, la preciosa niña que está a mi derecha; intento imitar sus pasos. Ella me mira y me sonríe. Marca los pasos, me ayuda, sin dejar de bailar, sin parar de girar, sin salir del torbellino en el que estamos metidas. Lo intento y me confundo, tropiezo y nos reimos, todavía piso algunos pies hasta que por fin creo que lo he cogido. Alzo la mirada y me marvillo. Hileras e hileras de niñas, con las manos entrelazadas, en corro, giramos al son de los tambores, giramos y giramos sin parar, dando vueltas y vueltas al patio. Cada vez más rapido, cada vez más intenso, nuestras manos se estrechan, los sudores se mezclan, los movimientos se funden en una corriente sin fin.
“Bom, bom-bom, bom-bom, bom” suenan los tambores. Ahora se oyen de fondo, pues las niñas han empezado a cantar en medio de esta miliada de locura. Cantan y bailan. Y en cada nueva cancion cambian los pasos. Cantan y bailan, y ríen, pues en cada nueva canción mis pies descalzos que ya empiezan a agrietarse, tardan lo suyo en fundirse las nuevas percusiones.
El sol caía y el ritmo no cesaba. Nos fundiamos en un trance contoneante que no paraba. Ya no existían los problemas, ni las preocupaciones. Ya no eramos ni claros, ni oscuros, ni indios, ni europeos; eramos corazones libres que latían sin cesar al ritmo de los tambores. “Bom, bom-bom, bom-bom, bom”.
Kem cho?Tarunam so che? No se mas en gujerati y no paré de repetir esas dos frases. No pudimos hablar de vidas, familias, ilusiones ni suenos. Pero hay un lenguaje que va más alla de las palabras. Que se trasmite con el cuerpo, los movimientos, la respiración y la mirada. Un lenguaje que entrega el alma. Un lenguaje que sin decir nada, lo dice todo. Un lenguaje que compartí con ellas en aquel atardecer maravilloso."
¡El blog ya está en la nueva web!
Hace 14 años